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Otros destacados estudiosos del Tarot MacGregor (Samuel Liddell)

Mathers dirigió la Orden Inglesa del Amanecer Aureo, fundada en 1886. Estudió el misticismo judío, egipcio, cristiano y alquímico. Escribió extensamente sobre el Tarot.
A. E. Waite (1857-1942), filósofo inglés ocultista y cristiano, rompió con la Orden del Amanecer Aureo y fundó su propia escuela de pensamiento místico. Trabajando con la artista Pamela Coleman Smith, creó una baraja "rectificada" que mostraba imágenes y paisajes en todas las cartas, tanto del Arcano Menor como del Mayor. Se volvió enormemente popular y muchos la consideran la baraja oficial. Su libro complementario, La Clave Pictórica del Tarot, es informativo aunque notablemente arrogante, ("Por ende, deseo decir, dentro de las reservas de cortesía y "la haute convenance" pertinentes a la camaradería de investigación, que no me importa en absoluto cualquier punto de vista [excepto el mío] que pueda ser expresado"), y contiene comentarios perspicaces sobre la baraja y su usos.

Samuel Liddell MacGregor Mathers


Aleister Crowley también fundó su propia escuela ocultista, el Ordo Templi Orientis, que tenía que ver, entre otras cosas, con magia sexual. Trabajando con Freida Harris, creó el pintoresco Libro del Tarot de Thoth. Consideraba más importante identificarse con cada carta que tratar de adivinar sus orígenes.

Aleister Crowley


Paul Foster Case, quien fundó el Adytum de los Constructores, ideó el Tarot de Marruecos. Según él, filósofos del siglo XI lo habían diseñado tanto para preservar los conocimientos después de la quema de las bibliotecas de Alejandría como para proporcionar un idioma universal. También diseñó una baraja negra y blanca, con un fuerte parecido a la de Waite.

Otras teorías

Las cartas son alegorías de maestros Sufíes; representaciones de la leyenda del Grial; el juego indio Chaturanga, precursor del ajedrez; textos sagrados indios; importaciones gitanas; ciencia popular hebrea; filosofía griega; ancestros de los cilindros de cobre mesopotánicos; símbolos transmitidos a partir de leyendas orales prehistóricas; símbolos de antiguas culturas indias centroamericanas; sabiduría de culturas matriarcales prehistóricas; herramientas de enseñanza de los Waldenses, secta Cristiana perseguida; ciencia popular sobreviviente de la Orden de los Caballeros Templarios, fundada en 1188 para proteger a los peregrinos y preservar las costumbres de la Tierra Santa; o creaciones de alquimistas del siglo XIII - y ciertamente el Tarot está cargado de imágenes alquímicas.
Haciendo a un lado la especulación, no sabemos, y quizás nunca lo sabremos, cómo fueron las primeras cartas de Tarot. Tampoco sabemos de dónde vinieron o quién las creó. Ni siquiera sabemos cuántas cartas conformaban una baraja. Aunque esto ha producido frustración en los expertos del Tarot e inspirado innumerables teorías sobre su origen, me agrada ese misterio. Hay tantas cosas hermosas con comienzos opacos que el no saberlo abre un espacio a las fantasías en donde los espíritus audaces pintan esas primeras imágenes maravillosas en un éxtasis de despertar creativo. Como sea que hayan sido creadas, las imágenes del Tarot, al igual que todos los símbolos verdaderos, hacen eco a las expresiones espontáneas del ser desde los manantiales más profundos del psique; y por esa razón sostienen en alto espejos mágicos frente a cualquier reacción que nosotros les presentemos. Como todas las creaciones artísticas auténticas, los Tarots son un misterio a fin de cuentas, y así habrán de permanecer.

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